Alua

miércoles, 24 de abril de 2013

SATANÁS (Mario Mendoza)

Esta historia es un poco más peculiar y culmina el triduo que se compone por (Scorpio City, Relato de un Asesino y Satanás), se desarrolla en un contexto de varias historias simultáneas, cuyos personajes son María, Andrés, El padre Ernesto y Campo Elías Delgado.

El sitio en donde coinciden los hechos es la ciudad de la capital Colombiana, “Ciudad Bogótica”, en cuestión de tiempo, se puede decir que transcurre la historia a finales de los 90’s y a principios del nuevo milenio. La relación entre las tres está en la directa conexión que tienen todos los personajes en común con El padre Ernesto.

Como tema principal, esta historia se enfoca en la maldad no deseada pero aún así concebida, esa maldad que se vive en el mundo y la forma en que distintas personas a pesar de no ser del todo “malévolas”, se ven envueltas en los divertidos y oscuros escenarios de maleficio, tales como el odio, el robo, la intriga, la posesión espiritual, la falta de fe, el olvido de la unión y el amor.

Satanás es una novela netamente enfocada en la oscura presencia de lo maligno de la vida cotidiana “SOY LEGIÓN”, en donde el telón de fondo es un paisaje roto, el de la Colombia de hoy y una ciudad, Bogotá  por donde van y vienen de forma errática las fuerzas en concentración tanto de vida y plenitud como de desdicha y putrefacción.

Son fuerzas del mal y sí, en plural… Una rata nunca está sola, Satanás es una y los animales suelen vivir en bandadas, jaurías, cardúmenes. Belcebú entonces es el señor de las moscas, el líder de la manada, el guía que está en todas partes y que es muchos. El problema más enorme es el pánico que nos produce aceptar esa multiplicidad, estamos atados a la condena que nos limita a espiar las culpas y cegar la huella constante de la reproducción acelerada del mal. 

jueves, 17 de enero de 2013

RELATO DE UN ASESINO (Mario Mendoza)


Temática Principal: Descomposición humana, Inframundo, violencia social, Infierno
Segundo libro del tríptico. 



Cada palabra, cada comentario, cada opinión que narra Mario Mendoza, me trasporta metafóricamente a nuestra realidad Colombiana, ¿Muy fuerte?, ¿Muy grave y atroz?, Puede ser… Tafur (El protagonista) es un hombre del común al cual le suceden cosas realmente extraordinarias, ¿por qué extraordinarias?, si quizá sean muy ordinarias y corrientes que le pudiesen ocurrir a cualquiera, no es fácil quizá por eso me identifico con él, porque vive cosas extraordinarias que vive alguien del común, se parece a nosotros, a los del extremo común.
A pesar de haber nacido en una familia de clase media, con comodidades y vida económicamente afortunada, él está sometido a varios deslices, podría decirse que es un contradictor del sistema capitalista común, al que la sociedad nos inmiscuye de formas locas, ya que él en vez de buscar algún tipo de asenso “social”, ya sean riquezas, dinero, y materialidad absoluta, se va extendiendo hacía una marginalidad conocida por la sociedad Bogotana, y a medida que avanza la novela se convierte radicalmente en un “héroe” pues hace lo que  muchos quisieran y aún no logran o peor, aún no se han atrevido a lograr, no solo es un comentario al aire, es un llamado… ¿Qué se puede perder?, “Tantos cuidados, tanta cautela y tanta mesura, para terminar de todos modos metidos en un cajón de madera y enterrados varios metros bajo tierra, o cremados a altas temperaturas…” lo que podemos perder realmente es la oportunidad de vivir, y con esta frase Tafur nos muestra que el vivir es un riesgo que vale la pena correr.

Esa enfermedad mental que lo sosegaba, ese extraño ataque psíquico que lo posee, como si fuese otro que se apodere de su identidad y lo lleve a rodearse de indigentes, prostitutas, travestis, drogadictos, mendigos, asesinos, recolectores y demás ejemplos de “basura terrenal” que para la sociedad “de bien” son los desechables, hizo que comenzara a notar poco a poco que estos se van convirtiendo en su familia, en su única familia, y a darse cuenta que en la vida, la felicidad no era pertenecer a la alta alcurnia, ni a una burguesía inventada por nosotros mismos para tapar nuestra pobreza interior, sino que la felicidad está, en satisfacer individualmente sus necesidades progresivas, crecer, desarrollarse como persona para un propio bienestar no para el resto, que dependa de externos artificiales, y dándose cuenta al fin, que viviendo al límite de esa periferia, sus ataques psíquicos extraños poco a poco lo abandonaban, Tafur me muestra que la vida en la calle también es vida, sólo que la ve con ojos distintos, esos ojos que son capaces de entender otras dimensiones, la calle por ejemplo, es otra dimensión… Una que está oculta para el resto, lo que no sabemos es que el indigente también es feliz (A SU MANERA). Está libre de todo prejuicio y puede llegar a ver y a entender lo que otros no pueden, lo que está en el fondo del alma, por eso con personas así, “desechables” para la alcurnia, si se puede establecer una amistad verdadera, son seres puros que han sido degollados por el consumismo, seres que por su apariencia de “sucios indigentes”, resultan ser en ocasiones más limpios que otros hombres y mujeres de la alta sociedad, quienes no huelen mal, pero sus fechorías pueden llegar a producir un asco más elevado. Tafur dice, “No hay mayor decencia, que en la pobreza” donde este tipo de personas encuentran en su dimensión de inframundo la realidad y la paz interior.

Entendí a lo largo de la novela, cuando Tafur narra su vida, que en realidad nos está mostrando algo a lo que estamos cegados, él nos lleva a “los infiernos”, ese lugar tan tenebroso que ya sabiendo que existe preferimos muchos, no mencionarlo, por miedo o por que atente contra alguna tradición religiosa, aunque este es la cara oculta actualmente de nuestra ciudad. La práctica sin piedad de la “limpieza social” que hacen nuestros gobernantes, surge de un deseo absurdo de sádica “pureza”, que no conoce, pero si busca erradicar de raíz esta otra dimensión de la ciudad, este inframundo, este infierno.
Un ejemplo es, que hace algunos años, no muchos, los hombres y las mujeres “de bien” optaron por eliminar la calle del cartucho en Bogotá, creyendo así que combatirían ese tan horroroso infierno del todo, y acabarían por completo el inframundo Bogotano, no digo ahora que este fuese alguna vez bueno, simplemente nunca se ve más allá, y quizá el infierno, está más notorio en nuestro amado y alabado gobierno y estos no viendo así que luego lo que consiguieron realmente fue esparcirlo en toda la ciudad, hacerlo mucho más visible.

Curiosamente, la enfermedad que padecía Tafur, era algo similar al caso del (Doctor Jekyll y Mister Hyde) lo que pensé es que en realidad Tafur es otra faceta de la vida o la personalidad de Mario, al igual que todos sus libros, sus personajes y sus inventos han sido personajes con que el sueña, y que decide sacar de su mente, escribirlos para que estos dejen de atormentarlo, y creo así que Tafur es otro indicio, es un desdoblamiento como el mismo suele decir de un “otro yo” en el mismo cuerpo. La pregunta loca que me hago a ratos, es ¿Quién escribe la historia Mario o Tafur?, ¿El doctor Jekyll o Mister Hyde? Y me respondo con su comentario de que “La identidad no existe, por lo tanto nadie es uno, somos por pocos dos”.
Realmente hay un fragmento esencial, con el que me identifico mucho, y con el que puedo hacer una comparación inmediata a partir de la Colombia que éramos y la que somos ahora. “Yo opuse la realidad de los humildes (Que me parecía honesta, de una autenticidad incontrovertible) a la realidad de las clases media y alta (cuya banalidad, superficialidad e hipocresía saltaban a la vista)” Capítulo II.
Si lo relaciono con la realidad Colombiana actual, esa forma en que los humildes, clases bajas y “la plebe, o aún peor el proletariado” progresan, viven y se desarrollan ante la sociedad sin necesidad de hacer ningún tipo de daño, a diferencia notablemente de los ricos y clase media, que se envuelven en una capa subpsíquica de obtenerlo todo, sin importar los medios, Maquiavélicamente, “El fin justifica los medios”.

SCORPIO CITY (Mario Mendoza)


En 1998 Mario publicó su libro “Scorpio City”, el principio de un tríptico que se conformaría después con “Relato de un Asesino”, y “Satanás”.
Al inmiscuirme en él, me topo con una novela un tanto policíaca, que reúne en su mayoría hechos pasados en las oscuras calles de Bogotá… Disfraza de formas irónicas las distintas opiniones que se tienen hasta el momento de la capital Colombiana, Las alcantarillas, las cárceles, los convictos, los ex-convictos, los policías, hoteles de mala muerte, restaurantes populares, prostitución, sociedad LGBTI, violencia, y demás escenarios de “mundo bajo” donde se desarrollan muchas de las más interesantes historias que puede narrar este escritor.

En este caso Leonardo Sinisterra es un policía  de un alto rango, se interesa por algo que le cuenta una ex prostituta llamada Zelia, muy amiga de él, esto hace que su intriga lo conviertan en él encargado de una investigación de algunos crímenes que vienen sucediendo en la ciudad de Bogotá, en el trajín de volverse este tema algo complejo, recurre metódicamente a sus contactos en “el bajo mundo”, de esta forma comienza el desenlace que hace que nuestro susodicho encuentre un asesino de prostitutas el cual, ordena los crímenes según el signo zodiacal.

Su primera víctima es una mujer nueva en el negocio, María Ortega de signo Tauro . Después de su muerte y de ciertas investigaciones, Sinisterra se encuentra con el cadáver de su “sospechoso”, que se hacía llamar “El Astrólogo” cuyas pistas dejan evidencias que los envían a una secta denominada “La Secta de Fin de Milenio”, cuyos miembros estaban decididos a comunicar a todo Bogotá, que el mundo según sus profecías, de acabaría en el año 2000 finalizando el milenio, y querían “limpiar” con sacrificios la capital del desorden nocturno y matutino que ocasionaban las “malas personas”.
Así es como Sinisterra y su ayudante, se ven obligados a hurgar información indebida, y pasando por problemas que llegan a poner en peligro sus propias vidas; Balas, enemistades, venganza, calles, alcohol, cloacas. Luego de eso Leonardo Sinisterra fue despedido por intromisión a casos no aptos de disolver, perdió todo lo que había conseguido a raíz de su trabajo, y deambuló por un largo tiempo en la “calle del cartucho”, hoy llamada la “L”, o la “Calle del Bronx”, al principio llegó allí con miedo de ser rechazado, pero se dio cuenta que tenía la necesidad de estar cerca y convivir con los otros habitantes de la calle.
Finalmente, como en todo Colombia, en la “calle del cartucho”, también había parte de la Secta, y estos jefes “sayas” deciden que lo mejor es que Sinisterra salga de la zona, y vuelva a su situación anterior.

Termino con este pequeño fragmento hecho por el autor donde confiesa... «No deseo escribir una novela tradicional, maniquea, con el característico triunfo del bien sobre el mal en las últimas páginas. No. Dejaré que la realidad triunfe sobre la forma, respetaré la historia tal y como me la contó Zelia: una historia donde la ciudad es atravesada en varias de sus capas, como un viaje al interior de una cebolla. Un inspector, crímenes, religiosos medievales camuflados en busca del poder, vagabundos y nómadas prehistóricos que viven de los deshechos, y al final las cloacas de la ciudad como lo más íntimo, como el inconsciente donde fluyen y habitan las materias prohibidas de la ciudad».