Temática Principal: Descomposición humana, Inframundo, violencia social, Infierno
Segundo libro del tríptico.
Segundo libro del tríptico.
Cada palabra, cada comentario, cada opinión que narra Mario Mendoza, me trasporta metafóricamente a nuestra realidad Colombiana, ¿Muy fuerte?, ¿Muy grave y atroz?, Puede ser… Tafur (El protagonista) es un hombre del común al cual le suceden cosas realmente extraordinarias, ¿por qué extraordinarias?, si quizá sean muy ordinarias y corrientes que le pudiesen ocurrir a cualquiera, no es fácil quizá por eso me identifico con él, porque vive cosas extraordinarias que vive alguien del común, se parece a nosotros, a los del extremo común.
A pesar de haber nacido en una familia de clase media, con comodidades y vida económicamente afortunada, él está sometido a varios deslices, podría decirse que es un contradictor del sistema capitalista común, al que la sociedad nos inmiscuye de formas locas, ya que él en vez de buscar algún tipo de asenso “social”, ya sean riquezas, dinero, y materialidad absoluta, se va extendiendo hacía una marginalidad conocida por la sociedad Bogotana, y a medida que avanza la novela se convierte radicalmente en un “héroe” pues hace lo que muchos quisieran y aún no logran o peor, aún no se han atrevido a lograr, no solo es un comentario al aire, es un llamado… ¿Qué se puede perder?, “Tantos cuidados, tanta cautela y tanta mesura, para terminar de todos modos metidos en un cajón de madera y enterrados varios metros bajo tierra, o cremados a altas temperaturas…” lo que podemos perder realmente es la oportunidad de vivir, y con esta frase Tafur nos muestra que el vivir es un riesgo que vale la pena correr.
Esa enfermedad mental que lo sosegaba, ese extraño ataque psíquico que lo posee, como si fuese otro que se apodere de su identidad y lo lleve a rodearse de indigentes, prostitutas, travestis, drogadictos, mendigos, asesinos, recolectores y demás ejemplos de “basura terrenal” que para la sociedad “de bien” son los desechables, hizo que comenzara a notar poco a poco que estos se van convirtiendo en su familia, en su única familia, y a darse cuenta que en la vida, la felicidad no era pertenecer a la alta alcurnia, ni a una burguesía inventada por nosotros mismos para tapar nuestra pobreza interior, sino que la felicidad está, en satisfacer individualmente sus necesidades progresivas, crecer, desarrollarse como persona para un propio bienestar no para el resto, que dependa de externos artificiales, y dándose cuenta al fin, que viviendo al límite de esa periferia, sus ataques psíquicos extraños poco a poco lo abandonaban, Tafur me muestra que la vida en la calle también es vida, sólo que la ve con ojos distintos, esos ojos que son capaces de entender otras dimensiones, la calle por ejemplo, es otra dimensión… Una que está oculta para el resto, lo que no sabemos es que el indigente también es feliz (A SU MANERA). Está libre de todo prejuicio y puede llegar a ver y a entender lo que otros no pueden, lo que está en el fondo del alma, por eso con personas así, “desechables” para la alcurnia, si se puede establecer una amistad verdadera, son seres puros que han sido degollados por el consumismo, seres que por su apariencia de “sucios indigentes”, resultan ser en ocasiones más limpios que otros hombres y mujeres de la alta sociedad, quienes no huelen mal, pero sus fechorías pueden llegar a producir un asco más elevado. Tafur dice, “No hay mayor decencia, que en la pobreza” donde este tipo de personas encuentran en su dimensión de inframundo la realidad y la paz interior.
Entendí a lo largo de la novela, cuando Tafur narra su vida, que en realidad nos está mostrando algo a lo que estamos cegados, él nos lleva a “los infiernos”, ese lugar tan tenebroso que ya sabiendo que existe preferimos muchos, no mencionarlo, por miedo o por que atente contra alguna tradición religiosa, aunque este es la cara oculta actualmente de nuestra ciudad. La práctica sin piedad de la “limpieza social” que hacen nuestros gobernantes, surge de un deseo absurdo de sádica “pureza”, que no conoce, pero si busca erradicar de raíz esta otra dimensión de la ciudad, este inframundo, este infierno.
Un ejemplo es, que hace algunos años, no muchos, los hombres y las mujeres “de bien” optaron por eliminar la calle del cartucho en Bogotá, creyendo así que combatirían ese tan horroroso infierno del todo, y acabarían por completo el inframundo Bogotano, no digo ahora que este fuese alguna vez bueno, simplemente nunca se ve más allá, y quizá el infierno, está más notorio en nuestro amado y alabado gobierno y estos no viendo así que luego lo que consiguieron realmente fue esparcirlo en toda la ciudad, hacerlo mucho más visible.
Curiosamente, la enfermedad que padecía Tafur, era algo similar al caso del (Doctor Jekyll y Mister Hyde) lo que pensé es que en realidad Tafur es otra faceta de la vida o la personalidad de Mario, al igual que todos sus libros, sus personajes y sus inventos han sido personajes con que el sueña, y que decide sacar de su mente, escribirlos para que estos dejen de atormentarlo, y creo así que Tafur es otro indicio, es un desdoblamiento como el mismo suele decir de un “otro yo” en el mismo cuerpo. La pregunta loca que me hago a ratos, es ¿Quién escribe la historia Mario o Tafur?, ¿El doctor Jekyll o Mister Hyde? Y me respondo con su comentario de que “La identidad no existe, por lo tanto nadie es uno, somos por pocos dos”.
Realmente hay un fragmento esencial, con el que me identifico mucho, y con el que puedo hacer una comparación inmediata a partir de la Colombia que éramos y la que somos ahora. “Yo opuse la realidad de los humildes (Que me parecía honesta, de una autenticidad incontrovertible) a la realidad de las clases media y alta (cuya banalidad, superficialidad e hipocresía saltaban a la vista)” Capítulo II.
Si lo relaciono con la realidad Colombiana actual, esa forma en que los humildes, clases bajas y “la plebe, o aún peor el proletariado” progresan, viven y se desarrollan ante la sociedad sin necesidad de hacer ningún tipo de daño, a diferencia notablemente de los ricos y clase media, que se envuelven en una capa subpsíquica de obtenerlo todo, sin importar los medios, Maquiavélicamente, “El fin justifica los medios”.
