Alua

martes, 9 de octubre de 2012

VEJEZ


Era una gran muchacho, tenía una mentalidad (colombo-progresista), su vida giraba en torno a ese deseo de realizarse profesionalmente en la vida, reconocimientos, fama, triunfo, superación personal, estudios hechos, buen puesto, carro propio, casa propia, buen circulo social... Su nombre era Alfonso Duarte, su edad no es muy importante, nació en una familia supremamente acomodada en todo sentido, y aún así algo le faltaba… desde niño sufría de una insuficiencia respiratoria, se conoce comúnmente como “Asma”, lo cual lo privaba también de desenvolverse en cualquier lugar físicamente, sin su acompañante principal… un inhalador.
Como muchos otros hijos de “papi y mami”, sobre su peso existía la presión de su familia, (Padres) específicamente… Se formó sometido a la exigencia autoritaria de su casa, creció como un ser que nunca iba a ser suficiente, que sin importar que tan “completo” fuese, nunca iba a alcanzar brindar el suficiente orgullo a sus padres. Ellos estaban formados en otra época, notablemente distinta… donde la rudeza y la enseñanza estricta era lo usual, lo que no entendían, era que esa época había culminado, su hijo merecía un trato de amor y apoyo, este ya pertenecía a la era de los “abrazos”, donde los padres dicen un “te amo” constantemente, donde los padres “abrazan” sin ningún motivo o razón, donde “besan” a sus hijos en frente de los amigos, donde tienen “mente abierta” y toman las variaciones juveniles como etapas fáciles y con paciencia. La excepción a este moderno modelo de padres, eran los padres de Alfonso, él nunca recibió un abrazo, una palabra de aliento, escasamente en las navidades sus padres lo abrazaban a las 12:00 en punto, antes de la cena…. Supongo a veces que desde si mismo nunca le hizo falta, no creo que lo añorara… no solemos necesitar, ni extrañar, lo que nunca hemos tenido, pero aunque no lo tuviese presente, ese afecto que otros recibían y que él nunca tuvo. Lo fue llevando poco a poco a la destrucción total de sus sentimientos.

Así fue llenando aparentemente ese vacío con el afecto de su entorno, que de alguna u otra forma brindaba algo de ese carisma que faltaba... cuando llegó a la edad universitaria, tenía dos amigos incondicionales, con los cuales había cursado sus últimos años de colegio (preparatoria), uno era Miguel, un muchacho obeso que desde niño fue excluido por su apariencia, en su casa era hijo único, “el consentido”, sus ojos reflejaban una inmensa pureza interior,  lo que nadie sabía era que esta víctima del bullying, era un fanático empedernido de la música, no soportaba ni entendía ninguna ciencia pura, tampoco se entendía con los campos literarios, su única pasión era la música, la melodía… desde niño comenzó a cantar, su voz era magnífica, su madre decía, que desde que fue concebido era un ser de luz, cuenta ella, muy satisfecha y orgullosa que al momento de tener 7 meses de gestación, en su vientre se vislumbró una luz no muy blanca, no muy azul, que desde ahí supo que su hijo sería un artista, un talento fructífero había de inundarlo… así fue que poco a poco gracias a su madre, y su historia sin-igual el hijo iluminado puso en práctica su talento musical, y  se fue ganando el respeto de sus compañeros, pasando luego a ser apodado como “Miguevoz”.
El tercero de estos mosqueteros era “Chaparro”… su nombre de pila era David Fernández, al principio yo tampoco entendía la relación entre su nombre y su apodo, pero resulta que su apodo fue añadido, debido a una obsesión de colegio, una muchachita llamada Miranda Chaparro, fue su mejor amiga durante todo el bachillerato, y él en silencio siempre la amo, el día de la graduación, sabiendo que esta iba a estudiar en Cali, decide confesarle la verdad de lo que siempre sintió y siente por ella, al momento del discurso de graduación, cuando culminó dijo… <<Gracias por este camino que anduvimos, soy David Chaparro, sigan su rumbo sin desfallecer>>, desde ese día su apellido fue otro totalmente distinto, y su apodo renovó un valor memorial.

Alfonso, Miguevoz y Chaparro, hicieron un juramento el día de graduación, este contenía la clausula irrompible de pasar por encima de cualquier mujer, carrera ó viaje, con tal de no perder nunca el contacto, ni el amor tan fraternal que en esa amistad se había tejido con hilos de mármol, indestructible.

El tiempo pasó esporádicamente, en menos de un parpadeo radical y corriente, su espacio “sabático” luego de la secundaria estaba culminando, cada uno debía pensar en su futuro, en su desarrollo profesional… Siendo así Miguevoz optó por entrar a la facultad de artes humanas de la Universidad Sergio Arboleda, a estudiar Música, por otro lado; Chaparro siempre fue muy bueno con la expresión oral, la comunicación, y al estar pasando su madre una situación económica nada favorable, decidió que si no podía pagarse una universidad, haría lo posible por superar aquella crisis, tenía la esperanza que fuese pasajera, por tanto se incorporó a la empresa petrolera y minera Pacific Rubiales Energy, lo recibieron como un interlocutor del call-center principal y así con un buen horario laboral pudo financiarse su carrera nocturna de Comunicación social y periodismo, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con ayuda de la misma empresa ya que por presentar buen desempeño esta se hizo responsable del 40% del costo total de cada semestre, con condiciones de promedios finales y continuar con grandes desempeños en la misma.

La vida de estos dos muchachos siempre pintaba muy próspera, era algo que dicho por Alfonso, los dos merecían… Mientras que él añoraba algo distinto, tuvo desde muy chico una gran inclinación y gusto por la ayuda al prójimo, el siempre quería y añoraba solucionarle los problemas a los demás, para algunos esto era un defecto, pues no aceptaban la presencia de un ser ajeno a su problemática, y para otros siempre fue una ayuda, él era un ser trascendental… Alfonso pensaba siempre en el otro por encima de sí mismo, era un don que todos alguna vez hemos buscado, era ese desprendimiento del ser individual e interior, buscando felicidad plena al hallar la eterna tranquilidad del otro, creo que su carrera está más que nada definida, Psicología.

Sus padres siempre fueron una señal de “stop” para él, ellos no aceptaban que tomara decisiones sin algunas bases para sustentarlas, es obvio que Alfonso estaba entrando en una etapa crítica y decisiva, pero la curiosidad de sus padres, y el poder que se estaban otorgando abusivamente en su futuro ahora que él ya estaba capacitado para tomar sus propias decisiones y sacar a flote su criterio personal lo estaban sacando de quicio, él veía la psicología como la carrera del futuro, esta hacía parte de un cambio, y él estaba más que complacido de pertenecer a este, su base más contundente al decir que la psicología era su elegida, fue la soledad humana, la forma en que su aumento involucra individualidad y sentimientos egocéntricos que conllevan a fallas sociales, que actúan como prioridad en la estabilidad mental y psíquica, recordándoles así, que si él no hacía parte de la solución y del cambio que podía llegar a otorgar la psicología en la vida futura de una gran conglomeración de seres atormentados, prefería andar por la vida, sin rumbo ni ningún tipo de prioridad.
Lastimosamente El señor Duarte, un ex general del ejército, tenía una proyección distinta hacía el futuro de su hijo, que consistía en seguir  sus pasos otorgando honor de generación en generación a su ejército y en caso de cambiar de camino, que la opción B, fuese enormemente rentable, ya fuere Empresa propia, o negocios altamente calificados para una sostenibilidad económica indicada, por lo cual la decisión que su hijo acababa de tomar, era un suceso más que iba a añadirse a la lista de desilusiones de la familia Duarte.

Luego de cinco años y algunos meses de más,  Alfonso se graduó oficialmente de la Universidad Militar Nueva Granada  con un título  de Psicólogo, especializado en la salud integral y el desarrollo humano personal. La felicidad de este hombre era incomparable, quizá en toda su vida nunca se había sentido tan realizado personalmente y tan feliz consigo mismo… por sus grandes méritos profesionales encontrar vacantes en algunas clínicas no fue ningún problema, de hecho corrió con algo de suerte al tener dos de medio tiempo, acompañadas de un ajustable salario integral.

Miguevoz y Chaparro hicieron de su vida algo “corriente” pero muy anhelado, encontraron esa comodidad, estabilidad y confort  a donde muchos sueñan llegar donde desarrollaron su vida alrededor de una familia, no olvidando nunca su juramento, estando al tanto de la vida de ellos como de la de Alfonso, y encontrándose seguidamente para compartir al lado de unas cervezas o algunas tazas de café, las vivencias o anécdotas que arremetían hacía sus vidas últimamente.

Progeria-Síndrome de werner.
Luego de ayudar a centenares de personas y pacientes de todo tipo, Alfonso se siente aparentemente feliz, pues encontró en su trabajo el suplemento personal para construir su proyecto de vida, con lo que no contaba era que su salud corporal estaba deteriorada, nunca se detuvo a pensar en sus problemas, ni a preguntarse ¿Qué tan bien estaba él mismo?, de la nada comenzó a presentar síntomas de calvicie prematura, piel seca y arrugada, memoria ausente, manchas en la piel semejantes a las de los ancianos por mal metabolismo de la melanina, no obstante su daño pulmonar contribuía muy negativamente en el diagnóstico de su salud. Su médico le diagnosticó una Progeria en adultos de mediana edad o también conocida como el Síndrome de Werner. ¿A qué se debía, que un hombre de 28 años, tuviese la apariencia de un hombre de unos 88 años?... Era una pregunta que diariamente se hacía, seguida esta de un exámen de conciencia que contenía una introspección interior buscando alternativas kármicas en caso tal que mereciera lo que le estaba sucediendo, recordó su vida, empezando desde pequeño sus amigos, el colegio, sus padres, la universidad, su trabajo, y no encontraba la respuesta de esta mala jugada que estaba emprendiéndole el destino, lo único que reconocía era su alma, corazón y cuerpo ayudando al otro, ¿por qué sucedía esto? ¿Acaso la malicia, el daño y los malos deseos hacía el otro eran lo único que para el sádico mundo tenían derecho de triunfar? El actuar favorablemente no valía nada. Notablemente Alfonso había llegado a ese momento crucial, la utopía, el renacimiento, la idealización de su vida real, era un despertar, un llamado, era la hora de poner los pies sobre el asfalto, buscar ayuda en alguna persona que recibió de la suya…  ¡Pero estaba solo!, no tenía a nadie, sus padres le retiraron su apoyo, su familia actuaba como desconocida, lo único que tenía era a sus amigos, y ellos no lo tenían a él, ellos tenían a sus familias, tenían sus razones personales y sus entornos muy bien estructurados. Empezó a sentir  con desesperación que era esa pieza a la cual le habían roto la cabeza en el rompecabezas, y por más que intentara no iba a ser compatible con ninguna otra pieza, pues su momento de compatibilidad había sido arrebatado y estaba destinado a estar incompleto, era el momento en que debía dejar de resolver problemas ajenos y resolver los propios, donde debía llegar la ayuda de medio país beneficiado por él y brindarle su apoyo, darle esa mano amiga que él nunca negó.

Esa pequeña falta de afecto infantil que tuvo por parte de sus padres, lo privaron sin que se diera cuenta a pensar alguna vez en transmitir a otros, sentimientos y demostraciones afectivas que jamás conoció, el amaba en una forma desinteresada y sincera a su sociedad, daba su vida por ella, pero nunca encontró un amor individual y propio, dicen que para amar a otros, debemos amarnos a nosotros mismos, y a partir del amor personal logramos apiadarnos del prójimo, la cuestión fue que creció creyéndose incompleto, esto le permitió estar alejado de cualquier relación afectiva y sentimental obligándolo poco a poco, a ser un ermitaño reprimido, en contra del ascetismo, limitado a la libertad que siempre quiso brindar a sus pacientes, y al querer interceder en sus problemáticas particulares, encontró un daño más profundo… él siempre fue su paciente principal y el único que nunca escuchó. 

3 comentarios:

  1. Definitivamente sigo y seguiré siento tú fan #1, me encanto esta historia, creo que deja mucho que pensar y una gran reflexión. ¡Te felicito!

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  2. ¡Es demasiado bueno! Te felicito también. ¿Cómo te puedo seguir? no veo la opción. =(

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  3. Gracias, apareces Anónimo, pero si tienes algún blog puedo seguirte de inmediato, y de regreso me sigues, así quizá sea menos complicado.

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