Recuerdo que ese día fue una odisea esperar a que me hablara, a
que me preguntara si quería salir con él, recuerdo ese primer beso que nos
dimos al momento en que me dejó en casa, recuerdo aquellos paseos por las
calles vacías del chorro de Quevedo, recuerdo que me cantaba a cada rato, que me ayudaba a hacer mis
tareas, recuerdo que jugábamos con papelitos, que dejó de fumar y de tomar por
mí, recuerdo que íbamos a cuenteros y a comer, recuerdo nuestras visitas a la
biblioteca semanalmente, recuerdo... su voz de locutor radial, su sonrisa tan perfecta, su
cabello, sus ojos marrón verdoso, recuerdo la forma en que entrelazaba sus
dedos con los míos, cuando le decía que era un dramático y lo apodaba
“drama-boy”, cuando lo acompañaba a Sopó a hacer vueltas de su libreta
militar y a inscribir sus materias en el nuevo semestre, recuerdo que quería pintar mi
habitación color azul verano, recuerdo que inventaba cualquier cosa para
hacerme sonreír, que me agarraba de la cintura y me decía mira ¡pólvora!,
mientras la multitud atrás gritaba y empujaba, recuerdo que hacíamos avioncitos
de papel, les añadíamos un deseo y los arrojábamos al aire en la laguna del Neusa, recuerdo que me
llamaba a cada momento, que añoraba siempre escucharme, y que le contara mis
aburridos días, recuerdo que nunca le importó que ya no viviera en el mismo
lugar de antes, igual iba hasta donde fuera por mí, recuerdo que nunca le dí el
valor que debía tener en mi vida.
Ya no estoy en el mismo punto de partida, tan sólo son
recuerdos...Desde hace unos meses hemos vuelto a ser dos desconocidos, incluso
mucho más que antes, se me hace raro, fue MUCHO tiempo después de conocerlo,
compartí con él gran parte de mi pre-adolescencia y parte de mi adolescencia también, pensé que así no siguiéramos juntos siempre íbamos a tener contacto,
siempre íbamos a vernos (por nuestros amigos) y siempre podríamos saber de la
vida del otro.
Ayer cumplió diecinueve años, lastimosamente él no piensa igual, él dice que todo lo que
llegamos a compartir, ya sean, risas, secretos, preocupaciones, ideales, metas,
besos y demás, se olvidaron en el pasado… y me hiere al repetir, que “es ahí
donde deben quedarse”.
Tuve tantas veces el mando sobre nuestra relación, fui el uno, el
dos, el tres y todas las primeras opciones en su vida, pero nunca estuve
satisfecha, tenía a alguien que me amaba por encima de cualquier cosa, que
conocía todo de mi, y aún así quería “sufrir” por amor.
Luego de un tiempo…que decidimos asumir ambos, el volvió, me
buscó, me prometió cambios y mejoras para nuestra relación y nuestra vida
juntos, pero todo eso no fueron más que palabras, quiso envolverme de nuevo y
sí, lo admito esta vez la boba de la relación fui yo.
A veces creo que una de mis peores características en eso del
“amor”, es que me entrego totalmente, y me dejo llevar por la locura del
sentimiento, quienes me conocen saben que es así... Pero es cierto, el momento
de él ya pasó. Le hallo la razón ahora, a él que dijo alguna vez… “cuando
consigues la felicidad, basta un contratiempo para olvidarla de inmediato”, fui su felicidad, otro contra tiempo apareció, la felicidad fue olvidada.
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