Hoy es un día como
todos los demás, las mismas horas, los mismos minutos, los mismos segundos... hoy es de esos días, en que podría decir que
estoy completamente “aburrida” y si me preguntarán sobre que he hecho hoy, con
seguridad respondería “NADA” cuya respuesta sería muy literal.
Siempre soy charlatana, y
muy comunicativa, pero hoy mi chip de “conversaciones múltiples” ha sido
extraído de mi Lóbulo frontal, y correría con poca suerte aquél que sin
conocerme intente entablar una conversación interesante hoy.
Siempre he oído decir a
todo el mundo el tiempo es “oro en el aire” y aunque sé que estos minutos
en que no he hecho absolutamente nada productivo ya no volverán, no puedo hacer
nada por retenerlos.
Oigo como el tic-tac de
ese reloj en mi mesa de noche suena una y otra vez y yo, lo único que quiero,
es escapar de todo lo que me está atrapando en mi interior, me siento cansada, molesta con la vida, realmente quisiera desaparecer un rato
de este encierro, diría que más que nunca pero probablemente lo vuelva a
repetir dentro de unos días; a fin de cuentas casi siempre acabo diciendo lo
mismo.
Quisiera escaparme muy muy lejos, estar en otra
dimensión, lo que sea, camuflarme, perderme, esconderme, meterme dentro de
algún closet y no salir en un largo tiempo; acostarme bajo la cama y no volver
a ver la luz. Pero es tan complicado esconderme cuando hay gente que se
acostumbra de una u otra forma a mi presencia.
¿Qué pasa, si en serio si quiero ser inexistente
por unos cuantos minutos?
Quiero irme volando a
un lugar tan oscuro como el espacio. Allí podría sentarme y abrazar mis piernas
con mis brazos, cerrar los ojos y recargar mi cabeza en mis rodillas; llorar,
llorar hasta que no me salgan más lágrimas, hasta que todo ese líquido acumulado
se haya acabado, hasta tal punto, en el cual tenga que comenzar a llorar
sangre; y en una de esas, tener la suerte de que la sangre se acabe también, la
suerte de que pueda deshacerme de esta inestabilidad mental.
¡Hey vida!, tantas
veces que te he fallado, tantas veces que te he defraudado, ¿por qué sigues
dándome oportunidades? ¿Por qué sigues dándome tu ayuda, si lo único que quiero
es dañarte? No puedo aguantar la angustia, me lleno de desesperación y no tengo
ganas de seguir desperdiciándote… si quizá suene extremista pero, si sigo
pasando el resto de mis días como hoy, no tendría ninguna validez seguir aquí…
Cuando me lanzo a ti,
me rechazas. ¿Entonces? No entiendo. Ya no quiero arriesgarme más porque cada
vez que lo hago, más punzante se me hace
el dolor.
En días como hoy, me
siento realmente insignificante, ¿saben? Quisiera, ir a un bosque, y
sentarme en el pasto, un pasto húmedo, apoyar mi espalda en las raíces de un
árbol hermoso con miles de flores, (Aunque no me gusten ), hacerle un poco
de compañía en silencio, una compañía que no interrumpe pero que llena por
completo; basta la presencia. Luego de que el árbol descubra que estoy ahí, de
seguro me amarraría con sus ramas, me estrujaría y me haría saber que aún estoy
viva. Le preguntaría, entonces, ¿por qué? y él me diría, que aún tengo
demasiadas cosas que hacer.
Seguramente me
quedaría durante unos segundos pensando en eso, en las “supuestas” cosas que aún
me quedan por hacer. Luego de un tiempo de meditación intentado comprender las
palabras de un árbol "que habla", de repente sé que tendría mucha ira y optaría
por retirarme momentáneamente; luego caminaría hacía el otro lado del bosque,
ese lado “feo” para muchos, sin flores ni vegetación muy jocosa, me sentaría al
lado de cualquier árbol seco, con raíces carcomidas por el tiempo, presencia
triste y afectante, débil; y aquel árbol tan desgastado, tan inservible, tan
invisible; me vería realmente, me entendería, me serviría, sería mi uso, los
dos solemos sentirnos improductivos.
Yo tengo muy claro
que ese árbol, no me sacaría de mi irrompible paradigma, pero si me cuidaría, y
siempre estaría, y después de todo, ¿es lo que importa, o no? Sé también que
sufriría conmigo si llegara a depender de ello. Ese árbol, sería más realista
que el primero, no obstante, estoy muy segura que cuando me levantara no habría
aprendido nada, “profundo y subjetivo” él tampoco. Pero ¿qué importa? Si por un
poco tiempo, habíamos obtenido lo que buscábamos ambos; sentirnos parte de
algo, interesantes por un momento, identificados, con ansias de ser escuchados,
comprendidos, entendidos, por un momento habríamos encontrado esa compañía
irrompible, pero demasiado distante para ser compañía.
Ese árbol es Majo, es mi salida a mis días improductivos
como hoy, es quién me acompaña a perderme buscando no sentirme tan vacía, es
quién siempre está y quién aparte de mi familia, nunca me dejará.
¿Quién es Majo?
ResponderEliminarEs difícil, decir "mejor amiga" es algo muy superficial, ahora cambian de mejor amiga,u amigo como de peinado o shampoo, Majo, es mi alter-ego, es distints, mi opuesto rotundamente, pero... Al fin de cuentas somos una.
ResponderEliminar